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Desmotivando, que es gerundio

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Si nos fijamos en cuál fue el motivo por el que se comenzó a poner en marcha la regulación educacional, podremos entender cual ha ido siendo su futuro hasta que ha llegado a nuestro presente: siglo XVIII, Revolución Industrial, necesidad de trabajadores con habilidades y conocimientos específicos para específicos trabajos en cadenas de montaje en las que la repetición era la base. Al igual que en las escuelas, cuya técnica didáctica era la repetición y repetición de los conceptos que los alumnos necesitaban aprender para luego poder tener un futuro laboral y continuar repitiendo y repitiendo.

Este vídeo nos habla de la educación como un camino, no como una meta y hace una crítica muy constructiva a una visión de la inteligencia, la actual, reduccionista y desafortunada, y deja abierta una puerta a la reflexión: si desde el siglo XVIII hasta nuestros días hemos descubierto que al aprendizaje se accede haciendo y emocionando, ¿por qué continuamos con las mismas fórmulas de entonces? ¿Tiene algo que ver el poder que la patronal/CEOE/X tiene en nuestro sistema? ¿Es posible que en pleno siglo XXI este mismo sistema siga utilizando la educación como fórmula de obtención de mano de obra barata?

Ni haciendo ni emocionando: desmotivando es el gerundio que ahoga a nuestros peques y por extensión a todo nuestro tiempo.

La lengua de las mariposas

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Cartel de la película

Cartel de la película

Ambientada en el marco socio-político de 1936, La lengua de las mariposas es un canto a la educación en libertad. De la mano del gran Fernando Fernán Gómez, Don Gregorio o el vocacional maestro republicano del pequeño pueblecito en el que transcurre la historia, iremos acompañando a Manuel Lozano, Moncho o la ternura de una infancia curiosa y ávida de nuevos saberes, en su camino hacia el aprendizaje: o la pasión por el conocimiento de la naturaleza, el arte, las relaciones y los valores.

Aderezado con versos de Antonio Machado, este largometraje nos teletransporta directamente a un mundo en el que bondades como la amistad o el descubrimiento del mundo, se entremezclan con las crueldades del miedo y la miseria humana que, hiladas con un aire nostálgico de esperanza, nos van desgranando diversos planteamientos sobre temas como la responsabilidad e implicación de los docentes en la sociedad, la educación en valores y en libertad o la influencia del ambiente en la etapa infantil.

Como profesional de la Educación, no podía dejar de recomendar esta gran adaptación del cuento homónimo que podéis encontrar en el volumen ¿Qué me quieres, amor? de Manuel Rivas.

Un gran básico para disfrutar a corazón abierto.

 

SUMMERHILL: Un punto de vista radical sobre la educación de los niños

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SUMMERHILL: Un punto de vista radical sobre la educación de los niños

Como absoluta creyente en la libertad como forma de vida, no podía dejar de reseñar esta gran obra maestra de la didáctica en la que Alexander Sutherland Neill demuestra que la libre autonomía es un factor clave en la educación de los más peques, aquel que favorece su propio ritmo de desarrollo sin presiones.

Actualmente en los sistemas educativos ordinarios de las escuelas infantiles se utiliza, o es común que se haga, el método de las rutinas, que dista bastante del sistema que se trabajaba en Summerhill, y que prepara al niño (utilizado en este artículo como forma absoluta y neutra) para tener el día organizado con un horario establecido y unas funciones que cumplir. Es decir: le va formando para la vida que comúnmente entendemos como futura, le va incluyendo poco a poco en un sistema preestablecido, idéntico para todos y que va sentando las bases de una vida ordenada cuyo éxito depende del conocimiento intelectual. Estudiar grandes carreras y grandes másteres para conseguir trabajos estables con amplios salarios es una meta vital muy habitual, y la gente solemos estar de acuerdo en que aquel que lo consigue tiene éxito en la vida. Así pues, nos sumergen en lo que alguien que decidió por nosotros dijo que es lo correcto, que es estudiar y trabajar, y nosotros caminamos hacia ello. Y pese a que no niego la evidencia, sí me pregunto: ¿no sería mejor que descubramos por nosotros mismos si en verdad eso es lo correcto? ¿No sería más correcto intentar ser nosotros los que nos pongamos nuestras propias metas? ¿Somos conscientes de que no solo existe un camino? ¿Sabemos en qué camino de todos los posibles está nuestra felicidad?

Neill plantea un sistema de tendencia idílica a mi juicio, en el que cada uno va formándose en base a sus necesidades reales, en el que verdaderamente no importa el tiempo que el niño necesite para comprender, para actuar, para seguir su propio ritmo de desarrollo, no hay prisas. Un método en el que esas necesidades propias hacen llegar al niño a conclusiones profundas y a entender el verdadero significado de la vida, el ser feliz. Una sociedad atestada de normas establecidas es una sociedad que no tiene libertad para expresar sus miedos, sus verdaderas intenciones, su verdadero trasfondo, es una sociedad a la que faltan opciones y sobran prohibiciones: el caldo de cultivo ideal para que, aunque sea de manera inconsciente, carguemos con nuestros miedos a los más pequeños y provoquemos daños en su psicología que pueden desembocar en problemas de conducta adulta. Las restricciones y prohibiciones son muestra de ello siempre, pese a que existan detractores que condenen estas actitudes, y no debemos olvidar que el niño es por si mismo un ser bondadoso y altruista que solo necesita libertad, amor y aprobación para sentirse a gusto consigo mismo y con el mundo que lo rodea, descubriendo así las bases de su propia felicidad y forjando su propio camino en la vida.

Summerhill es para mi mucho más que un libro, es toda una clase magistral sobre la vida y lo recomiendo muy fervientemente no solo a profesionales de la educación, sino también y sobre todo a los padres y madres.

El niño moldeado, condicionado, disciplinado, reprimido, el niño sin libertad, cuyo nombre es Legión, vive en todos los rincones del mundo. Vive en nuestra población exactamente al otro lado de la calle. Se sienta aburrido en un pupitre en una escuela aburrida; y después de sienta en un escritorio más aburrido aún en una oficina, o en un banco de una fábrica. Es dócil, inclinado a obedecer la autoridad, temeroso de la crítica, y casi fanático en su deseo de ser normal, convencional y correcto. Acepta lo que le han enseñado casi sin hacer una pregunta; y transmite todos sus complejos, temores y frustraciones a sus hijos”.

A.S. Neill
– Summerhill, un punto de vista radical sobre la educación de los niños-