Emociones en la vida prenatal

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Si buceamos un poco en el mundo de la Psicología Evolutiva, sobre todo a lo largo del último siglo, nos daremos cuenta de que existen una gran variedad de corrientes y autores que aportan sus propios métodos y modelos sobre el desarrollo humano, que en numerosas ocasiones resultan incluso contradictorios entre sí, (léase las teorías de Vygotski, Erikson o Piaget al respecto). Y es precisamente este motivo el que enriquece el concepto mismo de desarrollo, aportando nuevas claves provenientes incluso de otras teorías totalmente distintas a la Psicología Evolutiva, y que han dejado claro que el desarrollo humano va ligado a múltiples variables internas de la persona, heredadas, externas y determinadas por el ambiente e incluso muchas otras que son difíciles de identificar o conocer el grado de importancia o influencia.

Siguiendo sobre esta base y avanzando más concretamente hacia el desarrollo de la infancia, entendida desde mi punto de vista como el corazón (en su sentido más romántico) sobre el que se forma la persona adulta, se han realizado numerosos estudios y observaciones ecográficas que confirman que efectivamente las emociones pueden ocurrir ya en el periodo prenatal del bebé, siendo el tercer trimestre del embarazo clave en este proceso:

Desde la semana veinticuatro, el feto entra en uno de los periodos más emocionantes de su desarrollo, es el momento de la eclosión de sus sentidos, el momento en que comienza a recibir y procesar los primeros estímulos del mundo exterior. Muchos de sus órganos y nervios sensoriales ya están maduros y su cerebro está en disposición de interpretar pequeños rudimentos de sensaciones, puesto que en la vida intrauterina hay también muchas cosas que descubrir. El sabor del líquido amniótico, por ejemplo, portador de los gustos y olores de la comida que ingiere su madre, se convierte en un medio estupendo no solo para ir conociendo la mano de su madre con la cocina, sino también para ir discerniendo si le gusta o no, lo que será muy importante de cara a su alimentación postnatal, por ejemplo, ya que la leche materna contendrá, al igual que el líquido amniótico, los sabores y olores de la ingesta alimentaria de la madre. Recientes estudios mediante ecografías en 4D teorizan sobre ello tras observar a bebés sacando la lengua en repetidas ocasiones. ¿Es posible entonces que tenga que ver la cantidad de antojos con el mismo alimento y el gusto postnatal del niño hacia ese alimento? Transparente a mi humilde opinión. Aunque no menos significativa me parece esa curiosidad que los bebés del estudio muestran por explorar mediante sus órganos sensoriales, esa sensibilidad al descubrimiento.

Los sonidos también son una fuente reveladora para el pequeño feto, quizás una de las más amplias y la que a mí más me entusiasma. El bebé está rodeado de líquido amniótico y es por ello que las ondas sonoras se aprecian mejor, puesto que viajan más rápido que por el aire. La comida viajando por el cuerpo de su madre, su corazón e incluso los propios chapoteos del pequeño son solo algunos, quizás los primeros, ruidos con los que se familiarizará desde su pequeño nido, a los que hay que añadir los externos al cuerpo, como la música y sobre todo, los ultrasonidos de las ecografías, que pueden llegar a resultarle extremadamente molestos dependiendo de su colocación, como ha podido observarse en diversos estudios. Pero el sonido que destacará entre todos será aquel que no se pierde entre otros, que no llega distorsionado y gracias al cual comienza a desarrollar un vínculo precioso con su fuente: la voz de su madre. Un sonido que nace y viaja a su lado, el sonido de ese ser que le abastece para desarrollarse, el sonido del que hasta el momento del parto, es su hogar y todo su mundo. ¿Es posible entonces que una rima que la madre le repite en su vida intrauterina sirva como sedante para pequeños enfados o sofocos postnatales? Transparente, de nuevo, a mi humilde opinión.

El objetivo de un feto es prepararse para su vida en el mundo exterior, y pese a su dependencia, para su pequeña parcela de independencia. Esa disposición no se la dan únicamente unos miembros bien formados, sino también un sano desarrollo de sus emociones, o lo que es lo mismo: una base sólida de su equilibrio personal futuro. El embarazo no solo es una situación transitoria que atravesar con los tobillos hinchados y las náuseas matutinas; el periodo de gestación es un viaje maravilloso en el que madre e hijo se encuentran por primera vez y en el que aprovechar la actualidad en avances y nuevos hallazgos sobre la vida intrauterina se convierte en la opción más adecuada, no solo para formar un vínculo único, precioso y de valor incalculable con él, sino para empezar a trabajar sobre las pequeñas manifestaciones del bebé y contribuir así de manera efectiva a su pleno desarrollo desde el inicio de su vida como célula.

* Si te apetece ampliar la información o charlar sobre el tema, no te cortes, ¡escríbeme!
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Acerca de Tentetieso

Tenteralia surge como respuesta a las nuevas necesidades que familia e infancia encuentran cada día en el seno de una sociedad en constante evolución; Tentetieso es una Educadora Infantil cuya experiencia e ideales giran en torno a la educación como única fórmula de prevención, (utilizada en Tenteralia como inmejorable forma de solución), a aquellos temas que preocupan al conjunto de la comunidad. Porque el pleno desarrollo de nuestros niños y niñas sienta las bases del mayor capital social. Porque el bienestar de la infancia es la mayor riqueza del mundo.

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